La trama se complica cuando aparece la nieta de la fundadora de Las Herederas, Martina, una joven activista que quiere modernizar los procesos de comercialización del pueblo y llevar su arte culinario y textil al mundo digital. Martina ve en Rodrigo una oportunidad: “Él sabe cómo contar historias”, le dice a su abuela. Lucía, protectora de tradiciones, teme que la narrativa se venda. Surgen debates acalorados: la preservación cultural versus la visibilidad y los recursos que nuevos mercados podrían traer. Rodrigo se siente dividido: quiere ayudar pero comprende la necesidad de consentimiento y autenticidad.